Otra de piratas.

Sí, revivimos el espacio. Otro año más participando en el curso online gratuito “Arte y Cultura en Circulación“, esta vez dedicado a las políticas públicas y la gestión de lo común.

Cuando conocí el subtítulo/tema que atraviesa esta edición del curso, me resultó inevitable pensar en todas las decisiones que se tomaron en los últimos meses en Argentina, más la cantidad de proyectos que se presentan con intenciones de “regular la internet”. Todas estas instancias atravesadas por una condición común: la mayor cantidad de personas que intervienen en la redacción de estos proyectos o -peor aún- los que toman decisiones en términos judiciales, pocas veces conocen realmente como funcionan las nuevas tecnologías. Y si lo saben, siempre se falla en favor de los derechos de particulares por sobre el acceso a la cultura de las mayorías.

Imagen difundida por las redes sociales

Imagen difundida por las redes sociales

 

Uno de los casos paradigmáticos que quizá ejemplifique estas dos condiciones que caracterizan a las decisiones legales en Argentina es el fallo que ordenó el bloqueo al sitio The Pirate Bay por parte de los ISP (proveedores de internet) de todo el país.

La medida es precautoria y se basa en el juicio iniciado por CAPIF (Cámara Argentina de Productores de Fonogramas) contra el sitio “The Pirate Bay”, que se caracteriza por listar una serie de enlaces que permiten el intercambio de archivos a través del protocolo BitTorrent.

Esta noticia además de tener muchas repercusiones, fue una nueva oportunidad para poner sobre el tapete la discusión acerca de cuáles son las prioridades en términos judiciales para justificar este tipo de fallos: el poder de lobby de la mayoría de las sociedades de gestión colectivas de derechos (CAPIF, SADAIC, etc.) que exige el respeto de sus derechos de explotación sobre ciertas obras, o bien que prevalezca el respeto por los derechos consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Si fuera ésta última la prioridad, claramente sería mucho más importante permitir que una gran mayoría pueda acceder a los bienes culturales que circulan por las redes p2p en lugar de intentar (en vano, después lo veremos con más detenimiento) aplicar filtros como el de este fallo donde se intenta bloquear los IP de todos los dominios alternativos que ofrezcan el servicio.

Al respecto, sólo agregar dos cosas puntuales:

– pretender realizar bloqueos de esta forma no sólo constituye una medida que afecta los derechos de acceso a la cultura de muchxs, sino que es poco efectiva: el bloqueo por IP es una restricción fácilmente vulnerable. Lo cual sigue probando que la mayor parte de la gente que está a cargo de tomar este tipo de decisiones evidentemente no posee muchos conocimientos técnicos específicos acerca de cómo funciona internet.

– se vulneran los derechos de muchxs no solamente por restricción a bienes que quizá están publicados sin autorización de sus titulares de derechos, sino porque en esa misma medida se bloquearon los accesos a muchas obras compartidas de manera lícita, por ejemplo mediante el uso de licencias libres. Esto puede ser interpretado incluso como un atentado a la libertad de expresión, si tenemos en cuenta que lxs autorxs que deciden usar licencias permisivas habitualmente lo hacen justamente para que sus obras sean libremente compartidas y reproducidas, por lo cual este tipo de bloqueos los afectan de manera directa.

Para completar este posteo, comparto la opinión del autor del blog Indie Politik (concuerdo sólo en parte, pero me parece interesante como comienzo de la discusión) y la nota que escribieron E. Heidel y E. Acuña en la publicación digital “Notas“.

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3 pensamientos en “Otra de piratas.

  1. Ya lo dijo Richard Stallman, cuando contestó a la pregunta ¿qué opina usted de la piratería?, su respuesta fue ¡robar barcos está muy mal!
    La “industria” ya no sabe que inventar para defender su modelo arcaico, nunca entendieron que se podían beneficiar con el uso ético de las TICs, pero claro, pedir que piensen éticamente es difícil.
    Gracias por compartir el post.
    Abrazo!

    • Gracias a vos por tu comentario y por el aporte del aspecto “ético”. Además de coincidir con el problema del modelo arcaico de ciertas industrias culturales, me parece que ni siquiera están viendo el problema de sustentabilidad de sus propias estrategias. Lo que digo es: aunque no se les pidiera que piensen “éticamente”, desde la instrumentalidad más básica es evidente que estos modelos de negocios basados en el copyright tienen serios problemas para sostenerse, al ritmo en que están cambiando las relaciones entre los artistas y su público. Obviamente, el problema más grave está en que cualquier solución se basa en cercenar el derecho de acceso a la cultura, algo para lo cual no les tiembla el pulso.

  2. Los hechos han mostrado como el bloqueo a la IP de TPB fue rápidamente burlado por la comunidad. Además de difíciles de implementar efectivamente, este tipo de medidas no ayuda a que la industria cultural sea más sustentable (mucho menos las industrias nacionales) y al mismo tiempo, cual topadoras, se llevan por delante el uso de una tecnología perfectamente legítima, como es el intercambio de archivos entre pares.

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