“Qué lindo que es soñar, soñar no cuesta nada…”

… así dice una bella canción, que habla de otras cosas y no de Cultura Libre (al menos no explícitamente). Personalmente creo que soñar no cuesta, pero hacer realidad los sueños sí. Cuesta trabajo, principalmente, y puede sonar como verdad de perogrullo, pero viene a colación de que soy una verdadera afortunada: trabajando, con otrxs, pude al menos lograr cumplir parte de un gran sueño.

LoveOA

 

Todo comenzó cuando conocí que en la provincia de Córdoba, Argentina, existía un Acuerdo de Bibliotecas Universitarias (ABUC). Hasta donde yo sabía, se dedicaban principalmente a organizar instancias de capacitación para bibliotecarios y tenían algunos productos que desarrollaron de manera cooperativa (como por ejemplo un software de Préstamo Intebibliotecario), siempre orientado a mejorar los servicios de las bibliotecas y compartir sus acervos.

La institución donde me desempeño también formaba parte de este Acuerdo de Bibliotecas, y me designaron para trabajar como representante en ese espacio, lo cual fue un gran aprendizaje: no solamente me permitió conocer a fondo el trabajo cotidiano, el “día a día” del mundo bibliotecológico (que hasta entonces me era muy ajeno, porque vengo de otro lugar disciplinario), sino que me introdujo al maravilloso mundo del Acceso Abierto a la información científica.

Mundo que -por cierto- tiene bastante historia: de hecho todo comenzó allá por el 2001 con la firma de la inciativa de Budapest para el Acceso Abierto, donde un grupo de investigadores y científicos de diferentes lugares del mundo consideraron que ya era momento de aprovechar muchas de las acciones y productos que responden a lo que hoy en día entendemos por “Acceso Abierto”, basadas principalmente en las ventajas que posee internet, para promover modelos nuevos de producción y circulación del conocimiento.

Volviendo a mi mundo pequeñito, algunas de las personas que trabajaban en el ABUC habían redactado allá por el 2009 un proyecto para la creación de un “Repositorio Cooperativo de Investigaciones de Córdoba“, con el objetivo de desarrollar una plataforma donde estén depositados todos los proyectos y productos de las investigaciones que se realizaban en las universidades de gestión pública y privada de la provincia.

La institución que yo representaba decidió financiar ese proyecto y tuve la suerte de formar parte y conocer todo el proceso: desde la elección de la plataforma, su adaptación, la elaboración de la identidad gráfica hasta el trabajo en equipo para elegir los criterios de seguridad y calidad de los depósitos que iban a alojarse en el repositorio.

En el camino, no solamente conocí muchas personas y muchas iniciativas que eran igualmente valiosas y de las cuales aprendimos y hemos aprovechado para mejorar nuestro propio repositorio, sino que además tuve que enfrentarme al paso siguiente del desarrollo “técnico” (por decirlo así): era necesario hacer un fuerte trabajo de sensibilización en cuanto a lo que significa el “Acceso Abierto”, qué es un repositorio y cuáles ventajas tienen las publicaciones bajo esta modalidad. Ventajas de las cuales, además, yo estaba convencida. Pero el resto del sistema científico-académico no lo estaba tanto. Y comenzaron a aparecer también las diferencias entre los miembros del Acuerdo y los intereses que tenía cada institución en particular respecto de estos temas. Y todas las dificultades que generaban estas diferencias en cuanto a las políticas institucionales necesarias para generar espacios de capacitación no sólo para los usuarios finales, sino para los responsables de I+D+i en cada universidad.

En fin: el repositorio existe, tiene muchos registros aunque pocos depósitos en texto completo y cumple con todos los protocolos de metadatos de Acceso Abierto. En este proceso también estuve en muchos lugares donde pude brindar charlas y realizar capacitaciones, en otros donde había un interés genuino por conocer  más acerca de las iniciativas de Acceso Abierto y en otros donde me daba cuenta que el tema definitivamente no era prioritario.

En la balanza, siempre queda lo bueno. No por pura altruista, sino porque en lo concreto fui parte de un proyecto donde hubo políticas públicas de financiamiento e implementación de herramientas de Acceso Abierto, donde hubo apoyo a los proyectos cooperativos que fomentan nuevas maneras de circulación del conocimiento científico dentro de las universidades y donde la comunidad bibliotecológica sigue siendo un actor imprescindible. Además el Acceso Abierto en lo personal fue la puerta hacia el mundo de las licencias abiertas y la cultura libre, un poco el “culpable” de mi compromiso desde el activismo que en estos momentos se lleva gran parte de mis fuerzas.

Pero siempre quedan cosas por hacer y cosas por mejorar. Y aunque el sueño quede realizado en un 50%, siempre es bueno saber que en algún lugar alguien más va a “tomar la posta”. Porque de eso se tratan este tipo de proyectos abiertos y cooperativos: nos permiten soñar, nos permiten hacer y en el mejor de los casos nos trascienden.

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Un pensamiento en ““Qué lindo que es soñar, soñar no cuesta nada…”

  1. Buenísima la historia. La parte en que tuviste que convencer a gente de instituciones en las ventajas del acceso abierto me trae muchos recuerdos de situaciones similares 😀

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