Después de un año, las cosas han cambiado tanto

Sí, hace más de un año que no escribo en este blog. Y sí, las cosas han cambiado tanto que vuelvo para contar mi experiencia en la primera Conferencia de Python Argentina (PyConAr) a la que asistí. De forma bastante inesperada, por cierto.

Todo comenzó cuando nos invitaron a organizar un taller DjangoGirls en el marco de esa conferencia. Había participado como asistente en la edición de Santiago del Estero y como tutora en la primera edición que se hizo en Córdoba en mayo de este año (nunca conté mis experiencias sobre eso, se las debo).

Si me conocen, saben que soy manija. Manija mal. Tengo el “no” difícil. O como quieran llamarle. La cuestión es que empecé a agitar voluntades para hacer el taller, entre una mezcla de ex-organizadoras del DjangoGirls y equipo LibreBase. Juan y Toni (de la organización previa) colaboraron bastante para que esto suceda.

Y así fue que presentamos el formulario para talleres, nos aceptaron, en el medio nos equivocamos y mandamos tarde la solicitud para DjangoGirls así que nos rebotaron, y terminamos organizando un Taller de Programación para Mujeres.

Tuvimos más de 200 inscriptas sin haber enviado ni una sola gacetilla. Soy lo menos: no tuve tiempo ni de depurar la base de contactos de prensa y sólo pude enviarlo por la lista de distribución de LibreBase. Con un par de publicaciones en redes sociales y el flyer circulando por servicios de mensajería tuvimos esa convocatoria.

Primera experiencia indescriptible: el apoyo de personas absolutamente desconocidas y leer los formularios que iban llegando. Los deseos, las necesidades, los sueños, la cantidad de mujeres que intentaron por otros medios ingresar al mundo de la programación. Las que saben pero igual quieren estar, porque sentían que ese espacio era para ellas, porque no da lo mismo cualquier taller. Las que intuían que lo instrumental es político y que no hay emancipación sin conocimiento. Entre esas 200 hubo que elegir 60. #dolornaotemfim

Mención especial para toda la gente hermosa del equipo organizador: Marco, Tina (toda la gráfica se la debemos a ella), Juan, Marilyn y Matías. No sé qué hubiéramos hecho sin Matías. Posta. Trabajó con el quipo de coaches y simplificó un montón las cosas cuando el estrés no me dejaba pensar.

Hasta ese momento yo sólo tenía pensado estar el sábado en la PyConAr (el evento era de viernes a domingo). Entonces me escribe Juan para preguntarme si quería ser contacto de referencia para el cumplimiento del Código de Conducta de la conferencia. Sí, tienen un código de conducta que está muy bien. Le dije que sí y tomé coraje para pedirle el día a mi jefa (de un jueves para un viernes: Laura es la mejor jefa que cualquiera pueda tener). Después resultó que el viernes llegué tarde y esa función la cumplió otra chica, porque el mundo nunca es perfecto y mi biorritmo menos aún.

El tema es que cuando me quise dar cuenta… estaba registrada en una conferencia de Python(wtf?) y ya me habían convencido de ir a un taller de “Django+React”: VE’ VO’

 

El primer día fue el de reencuentros: obviamente gran parte de la ñoñada iba a estar ahí y efectivamente sirvió para levantarme el ánimo después de haber llegado tarde a todo. Conocí incluso a Aleksandra Sendecka, una de las cofundadoras de DjangoGirls. Hablé poquito porque mi inglés está cada vez peor y ella recién llegaba y estaba muy cansada.

A la tarde hicimos un encuentro previo al taller, con el objetivo de ayudar a las chicas que tuvieran problemas instalando las herramientas que hacían falta para hacer el tutorial del día siguiente. Como en todo lo que una hace con el corazón, surgió la magia:

La ídola no quiso sufrir más y pidió por favor que le pongamos un Ubuntu 😀

Me fui a dormir con todas las ideas para la presentación del día siguiente pero sin cuerpo para hacer los slides, así que me levanté el sábado con toda la intención de tenerla lista antes de salir. Bueno: la terminé en el auto y antes de que empiece el taller.

Obviamente todo salió de maravillas, a pesar de que soy la peor tutora del mundo (mil disculpas a Mely y Noli por las ayudas relámpago) pero siempre me olvido que hay miles de cuestiones operativas que te sorprenden en el mientras tanto.

Datos nerd del taller:

  • Hubieron por lo menos dos chicas que tenían plugines de Vim en su navegador y se habían olvidado de comentárselo a las personas que les ayudaban tutoreando. IMAGINEN LO QUE DEMORARON EN DARSE CUENTA DE QUÉ ERA LO QUE ESTABA FALLANDO EN ESAS CONSOLAS 😀
  • Una de las prticipantes directamente usaba Vim como editor. Sí. VIM.
  • En la presentación me equivoqué y dije que Django estaba hecho en PHP. Todavía lo pienso y siento que merezco el infierno. Lo mejor fueron todos los brazos diciendo que no, que no, que le estaba errando y finalmente la voz de Pancho desde el fondo diciendo: “No, Anita!! en python, EN PYTHON!!”
  • El horario estipulado de la actividad era hasta las 17 hs. No sólo tuvimos que echarlas a la hora del almuerzo porque las chicas no se querían ir, sino que eran las 5 de la tarde y ninguna estaba levantando campamento. Cuento algo de eso en la lightning talk a la que fui (medio porque ninguna participante se animó a hacerla y medio porque el deber me dijo que ese espacio no podía quedar vacío). G registró ese bochornoso momento en este video:

(Perdón por el sonido, pero lo grabó con el celular. Próximamente estarán las versiones oficiales)

Entre idas y venidas a los pasillos, desvirtualicé a Cynthia de LinuxChix Argentina que estuvo sacando fotos y felicitándonos por la convocatoria. Nos dejó unos hermosos stickers que le repartimos a las participantes. Volvió Ola Sendecka para decirnos que estaba re bueno el taller y dejarnos también cositas para el próximo taller (no voy a spoilear). Conocí en persona a “la cocalait” (como le dice Marilyn) que es más linda en persona que en cualquiera de sus fotos y otra ñoña de fábrica como yo. Pasó Daniel a saludarme y obviamente a conversar de cosas que sólo los criptógrafos pueden argumentar (como por ejemplo el mejor rendimiento de C para resolver problemas de grafos) y como bonus track conocí a Carol que se vino con la remera con las ecuaciones de Feynman. Como para no reconocerla entre la multitud 😀

Acá van las fotos, en su mayoría estoy en modo unicornio gracias a la vincha que hizo furor y cuya autoría es de la talentosísima Tina de SuperAgujas:

/me con Ola Sendeka

 

No me saqué selfie con Cynthia porque la verdad teníamos un montón de cosas para hablar y era un poco como si nos conociéramos de toda la vida. Mientras, en el pasillo, también me reencontré con gente muy genial: María Andrea Vignau (grosa, perito informático) a quien conocí en el DjangoGirls en Santiago del Estero y saludé también a Juan Pedro Fisanotti (que fue mi tutor en ese taller). Recuerdo que lo miré con cara de WTF cuando dijo que usaba Vim y acá estoy: terminando el proyecto de la materia de desarrollo web de la facu usando exclsivamente ese editor. Como dice #madre: nunca digas “de esa agua no he de beber”.

Ahora que lo pienso, también saludé a Facundo Batista! Cierto! Fue a pedirme que presentara a Juan y Yamila que harían la labor que me correspondía y no hice por llegar tarde <inserte-emoticón-de-vergüenza-aquí>.

Volviendo al tema del titulo de este post eterrrrrno de largo:

Las cosas han cambiado tanto. Nunca creí estar en una conferencia de ningún lenguaje en particular y creo que nunca sabe una por dónde la va a llevar el activismo. Aprendí muchas cosas:

  • Que tengo que delegar (gracias Mati, Tina, Marco, tutoras, tutores, G.) porque hay mucha capacidad escondida detrás de cada persona y merece ser apreciada por el universo;
  • que la empatía es buena consejera, no así el estrés. Les debo una disculpa enorme a los chicos de la organización que vinieron al taller y conocieron la peor versión de Anita, porque debí recordar que yo también estuve en ese lugar y que no es fácil para nadie;
  • que hay algo en el mundo de python que lo hace especial y es la comunidad que lo promueve. Creo que esto queda totalmente claro cuando vean todo lo que pasó en el hashtag de twitter #pyconar2017
  • que los talleres de programación para mujeres siguen siendo necesarios porque aún cuando muchos varones hayan podido deconstruir el origen místico de sus privilegios, queda mucho aún por caminar hasta llegar a comunidades inclusivas y diversas;
  • que una sabe dónde empieza su trabajo organizando eventos y activando espacios pero nunca puede tener conocimiento acabado sobre el alcance y el impacto de esas acciones. Esto es bueno y es malo, como todo en esta vida. Pero tenerlo en cuenta es siempre una ventaja para una;
  • que es hermoso y gratificante percibir el reconocimiento de personas que una admira y por eso tiene que ser igual de asertiva a la hora de decir lo grosa que es esa gente con la que una se cruza en cualquiera de los ambientes que una frecuenta.

Para terminar, algunas imágenes como bellos recuerdos que van a quedar en mi mente y en estos bits:

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[OFF-TOPIC] <mersada>G. se merece todas las formas del amor de este mundo. Aunque no se de cuenta todavía, no es fácil para una nerda manija como yo encontrar un compañero de ruta que no te juzgue ni te pida que le bajes el brillo a tu pantalla para subir la propia.</mersada>

P.D.: hay quienes ya lo saben y quienes no, pero tengo pensado bajarle el ritmo al activismo en 2018 porque una también tiene condiciones materiales que resolver y situaciones profesionales que mejorar. Por eso quise dejar este post bien largo. Fue un año muy intenso y ya no tenemos veinte 😉

 

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